Los radenwights, el pueblo rata, están dotados de una coordinación y acrobacias tan impresionantes que bien podrían confundirse con un número de circo altamente entrenado. Su forma de vida se organiza en comunidades llamadas enjambres (en su lengua, meddles), que construyen bajo las ciudades, donde el caos de la vida cotidiana hace que los saqueos sean divertidos y sencillos.
Valentía y vínculo
Es un mundo grande para un grupo de pequeños ratones, y los radenwights aprendieron hace mucho tiempo que intentar sobrevivir huyendo o escalando solo te lleva hasta cierto punto. La valentía se les enseña desde el nacimiento: aprenden a lanzarse sin miedo contra cualquier desafío que se les ponga por delante. La clave de esa valentía es el intenso vínculo de confianza que existe entre cada radenwight, sus compañeros y su comunidad, y la certeza de que cada uno actuará de forma igual de decisiva. En una pelea, no es la espada ni la flecha de un solo radenwight lo que derriba al enemigo, sino el seguimiento instantáneo e instintivo de todos los suyos.
Cuando sus enemigos esperan que huyan como ratas, se llevan una dolorosa sorpresa al ver cómo el enjambre entero lanza flechas, cuerpos y hojas contra ellos al unísono. Los radenwights no están por encima del bandolerismo si eso sustenta al enjambre, pero prefieren abrumar, derribar y noquear a sus objetivos antes que recurrir a la violencia letal. Prefieren armas de precisión y buscan constantemente oportunidades para golpear cuando ellos y sus compañeros crean aperturas entre sí.
La magia de la música
El estudio arcano es inusual entre los radenwights, aunque toda la comunidad apoya a cualquier cría que muestre ese talento. Más común aún es el descubrimiento espontáneo de aptitud mágica a través de la música, pues la cultura de los enjambres pone gran énfasis en la música y el baile. Los radenwights sienten especial atracción por las flautas y las zampoñas, inspirados por la leyenda de una flautista cuya música hechizó a un dragón malvado, mientras el resto de su enjambre ya colocaba en posición una roca del tamaño adecuado para arrojar sobre la criatura desde el acantilado.
El Gran Maclette
El nombre de Maclette nunca es pronunciado por un radenwight sin el «Gran» delante. Ese maestro dirige a su banda en complejos robos a escala de toda la ciudad, manteniéndose siempre un paso por delante de quienes intentan atraparlos. Algunos dicen que Maclette lleva esa vida de crimen para proveer a su enjambre; otros afirman que aspira a ser el rey del inframundo criminal.
En verdad, el Gran Maclette encuentra belleza en la emoción del golpe. El robo es tan armonioso como la música para sus oídos, y el maestro trata cada operación como una nueva composición. Mientras su banda siga en libertad, siempre buscará superarse con su próxima gran obertura.